2. Creencias negativas de la autoestima.

31/10/2011
3. Autoestima

Las creencias negativas de la autoestima.

 

Las creencias podrían definirse como una serie de “etiquetas” que tenemos respecto a nosotros mismos (nuestras cualidades y defectos), respecto a como deben y como no deben ser las cosas, respecto a los demás y el funcionamiento del mundo. Son el punto de vista desde el que partimos a la hora de interpretar lo que nos sucede y observamos a nuestro alrededor. Estas creencias se van configurando a través de las diferentes experiencias y vivencias que tenemos a lo largo de nuestra vida.

 

En una persona con baja autoestima, es frecuente encontrar creencias negativas respecto a uno mismo/a y sus capacidades como:

 

“Soy débil”.

“Soy un/a inútil”.

“No hago nada bien”.

“Soy un fracasado/a”.

“No soy lo bastante bueno/a en…”.

“Nadie puede quererme”.

Etc…

 

A través de estas creencias, se produce una interpretación distorsionada de la realidad que nos rodea y de las cosas que nos suceden. De este modo, la persona con baja autoestima, tiende a fijarse especialmente en los aspectos negativos de una situación o de una actuación suya. Esto provocará que llegue a conclusiones que vuelven a reafirmar lo que ya temía (“soy un desastre”, “nunca logro hacer las cosas bien”, “así quien me va a querer”) y el círculo se cierra (la creencia negativa vuelve a quedar confirmada). Además, la emoción negativa asociada a esa interpretación negativa de uno mismo/a, hace que frecuentemente la persona no intente resolver el problema o salir airosa, y por tanto, la profecía se acabará cumpliendo.

 

Imaginemos a una persona cuya creencia es “nadie puede quererme, no le gusto a nadie” en la siguiente situación:

 

Un amigo le presenta a una chica que está interesada en él. Cuando comienzan a hablar su creencia de que nadie puede quererle y de que no le gusta a nadie aparece en escena. Él se empieza a fijar en el interés que muestra la chica en la conversación buscando cualquier cosa que le indique que ella no está atenta o que no le gusta algo. Enseguida comienza a interpretar que está diciendo tonterías, que no le va a gustar, que hará el ridículo, que ella se está aburriendo y comienza a ponerse nervioso a la vez que triste y apesadumbrado. Al poco de estar hablando con ella, busca una excusa para marcharse y escapar de esa situación “tan embarazosa”. Finalmente, con su huída, su creencia de no poder gustarle a nadie se hace aún más fuerte.

 

Con la terapia cognitivo conductual, la persona aprende a identificar sus creencias negativas y cambiarlas, y también a cambiar sus emociones negativas y sus conductas desadaptativas. Mediante las estrategias que se aprenden en la terapia, la persona incorpora una serie de herramientas que le ayudarán a pensar de manera más realista, a controlar mejor sus emociones y a actuar de manera que pueda ser más fácil lograr lo que uno/a quiere, y no verse obligado/a a retirarse.