3. Duda e indecisión: Tolerar la incertidumbre.

20/12/2011
6. Perfeccionismo

Duda e indecisión: Tolerar la incertidumbre.

 

A lo largo del día tomamos muchas decisiones sin demasiados problemas, pero en algunas ocasiones nos quedamos encallados y no sabemos que elegir. Cuando tenemos que escoger entre dos o más opciones, cuando tenemos que decidir alguna cosa, intentamos valorar cual es la mejor opción, la mejor alternativa, la decisión correcta. Valoramos una y otra vez, le damos vueltas, pensamos que quizá es mejor A, pero al cabo de un momento parecemos convencidos de que B es mejor, y luego de nuevo A, y vuelta a empezar. ¿Porqué nos ocurre esto? ¿Porqué no podemos decidir? ¿Porqué dudamos tanto?

 

Un problema frecuente que se esconde detrás de la duda, de la indecisión, es el error de creer que existe realmente una opción correcta, o mejor dicho, la opción correcta. Dicho de otro modo, caemos en el error de creer que puedo y debo elegir una alternativa que me dejará totalmente tranquilo/a, con la que me quedaré absolutamente seguro/a, que no conlleva ningún riesgo. Pero esto no es verdad. En muy pocas ocasiones podemos elegir una opción que no deja ningún margen al riesgo, que nos ofrece una seguridad al 100%. Pero nos empeñamos en querer obtener esta seguridad, en que no haya ninguna grieta, ningún pero, y esto no suele ser posible.

 

Toda elección implica un riesgo y una parte de pérdida. Dbemos contemplar que el error y el riesgo forman parte de cualquier elección y, si no toleramos esa incertidumbre, si no aceptamos que ese riesgo existe, y por tanto queremos reducirlo a 0, acabaremos sufriendo, dándole vueltas y vueltas a la cabeza, no pudiendo decidir, o dejando que el paso del tiempo o las circunstancias decidan por nosotros, con el malestar que eso nos conllevará.

 

Para poder disipar la duda y dejar atrás la indecisión, debemos emplear un esquema de elección diferente, en el que la opción 100% correcta no exista (no dejarnos atrapar por este engaño), sino en el que la elección se base en “lo más seguro es que...”, “lo más probable es que...”.

 

Las decisiones en realidad deben basarse en preferencias y no en seguridad absoluta. En muchas ocasiones la balanza no se inclina tanto y tan claramente, pero deberemos decidir igual. Por tanto debemos contemplar el riesgo como una parte normal de la elección, y no como algo que hay que eliminar a toda costa.

 

Nunca podré garantizar del todo que lo que quiero conseguir lo conseguiré, que mi elección es la más acertada, nunca podré garantizar el éxito seguro, o que seguro no ocurra nada malo, que no piensen mal de mi, o que me valoren justamente, ...etc.

 

La cuestión no está en buscar un riesgo 0, una seguridad o control total, la cuestión está en valorar un riesgo asumible, una seguridad aceptable (quizá a partir del 60-70%), eso es lo normal, eso es en realidad una decisión correcta.