3. El error de compararse.

21/11/2011
3. Autoestima

El error de compararse.

 

¿Cuantas veces hemos escuchado?: “¡Las comparaciones son odiosas!”, sin duda en muchas ocasiones. Ahora bien, ¿porqué las comparaciones son odiosas?. Las comparaciones sueles ser odiosas porque en la mayoría de ocasiones en las que nos comparamos con los demás, salimos perdiendo. No tenemos aquello que tiene aquella persona, nos falta tal o cual habilidad o característica, y se nos hacen evidentes nuestras supuestas deficiencias o limitaciones.

 

El problema de estas comparaciones es que no son comparaciones reales. Son comparaciones parciales, sesgadas. Generalmente cuando nos comparamos lo hacemos respecto a un aspecto concreto, en una situación particular, sin tener en cuenta la globalidad o la totalidad de esa circunstancia, de esa persona, o de esa característica con la cual nos comparamos, y así, generalmente salimos perdiendo. Nos comparamos respecto a aquello que no tenemos o que nos falta, y encima lo hacemos fijándonos en alguien que si lo tiene. Aquí está el error fundamental de la comparación, y es que es una comparación parcial y no total.

 

Lo más justo si nos comparamos sería hacerlo desde una perspectiva más general y no solo respecto a un aspecto particular. Una comparación justa, que corrige el error típico de compararse parcialmente, sería compararnos con la otra persona en general, cosa que pocas veces hacemos. Si lo hiciéramos así, veríamos que en realidad no salimos perdiendo. Valoraríamos más aspectos que no estamos teniendo en cuenta.

 

Cuando nos comparamos, lo correcto sería decirnos: “¿me cambiaria yo por esa persona?” (incluidas sus características positivas y negativas, incluido su trabajo, su familia, su pareja, su estrés, sus preocupaciones, sus dificultades…).  Esta si que sería una comparación más realista, porque de la otra forma siempre vamos a encontrar aspectos particulares que nos gustan más de otras personas que de nosotros.

 

Por tanto, si queremos ser justos con nosotros mismos, no debemos caer en la trampa de la comparación parcial, debemos compararnos en general. Es muy diferente decirnos: “Es verdad que podría mejorar en este o aquel aspecto como en tal persona, pero no me cambiaría por ella”, que decirnos: “Soy un desastre porque me falta…, porque no tengo…”.