5. La ansiedad: instinto excesivo de protección.

18/07/2011
1. Ansiedad

La ansiedad: instinto excesivo de protección.

La ansiedad un sistema de alarma y protección que tenemos ante situaciones consideradas peligrosas a las que nos tenemos que enfrentar. De alarma porque nos avisa de los peligros. De protección porque nos prepara para enfrentarnos a ellos.
 

Este sistema funciona de la siguiente forma:

         1. Nuestro cerebro detecta un peligro.
         2. Se activa nuestro sistema nervioso.
         3. Nuestro cuerpo se prepara para reaccionar (lucha-huida).

 

Cuando nuestra reacción física es necesaria para enfrentarnos al peligro, esta respuesta de ansiedad es bienvenida, ya que nos sirve para activarnos y estar más preparados (rendir más en un examen, estar más atentos, defendernos de un posible ataque...). Ahora bien, cuando el peligro no requiere de un tipo de respuesta física de activación, o cuando la activación es demasiado elevada, es cuando vienen los problemas.
 

Es entonces cuando decimos que este sistema de protección se activa demasiado temprano o ante elementos que en realidad no son peligrosos. ¿Porqué ocurre eso? ¿Porqué tenemos ansiedad?.
 

Nuestro cerebro está  pendiente de identificar los posibles peligros, las posibles situaciones preocupantes, para así poder responder con la mayor brevedad  y garantizar  nuestra supervivencia. Nos avisa de toda clase de acontecimientos negativos, de posibles peligros o desgracias, para que nosotros pongamos remedio y no ocurran las temidas y catastróficas consecuencias. Este funcionamiento de nuestro cerebro es un funcionamiento instintivo: rápido, automático. Si nosotros no le ponemos ningún filtro a nuestro cerebro, para que distinga bien cuales son las situaciones realmente peligrosas y cuales no, tendremos un exceso de acontecimientos susceptibles de ser peligrosos.

 

Nuestro cerebro no distingue de tipos de peligro, solo identifica aquello que puede ser “peligroso”, y en el mundo en el que vivimos, puede confundir fácilmente cosas inofensivas con peligrosas. Cuando nos preocupamos por la salud, por la economía, por nuestras amistades, por la familia y los hijos, por nuestro futuro, por lo que pensarán de nosotros…etc, estamos enviando señales de alarma a nuestro cerebro. Si no filtramos esas señales nuestro cerebro entenderá que se trata de peligros reales y auténticos, y activará el sistema de protección, la ansiedad.

 

La ansiedad por tanto funciona de manera instintiva y no racional. Es nuestro instinto de protección, que se pone en marcha para salvarnos. No se preocupa de si somos felices, estamos tranquilos o queremos estar relajados, se encarga de protegernos. Somos nosotros quienes tenemos que preocuparnos de hacer llegar la racionalidad a nuestro cerebro, para que pueda distinguir bien cuando se trata de un peligro real y cuando no.

 

Cuando a consecuencia de la situación en la que nos encontramos, bombardeamos a nuestro cerebro con preocupaciones, éste acaba entendiendo que debe ser algo muy peligroso, y activa la ansiedad.

 

Si nos preocupamos continuamente, ante situaciones sociales,  sobre lo que pensarán los demás, la imagen que estamos dando, si haremos el ridículo o no, etc., nuestro cerebro acabará entendiendo que todo esto debe ser peligroso. Por tanto, en circunstancias en las que identifique que podemos “quedar socialmente mal o en ridículo” pondrá en marcha la ansiedad.

Si cuando un familiar que está de viaje tarda “demasiado” en llamarnos y le empezamos a dar vueltas a la idea de que habrá tenido un accidente, estamos diciéndole a nuestro cerebro que encienda la alarma, que active la ansiedad.

Asimismo, si nos preocupamos respecto a que todo este perfecto y controlado, a no cometer ningún error, a no fallar nunca…etc., nuestro cerebro entenderá que la alarma deberá activarse ante cualquier posible fallo, error o descontrol.

 

Podríamos encontrar cientos de ejemplos como estos, en los que sin darnos cuenta enviamos mensajes de alarma equivocados a nuestro cerebro. De este modo, nuestro cerebro aprende a estar atento a estímulos y situaciones inocuas como si fueran peligros, lo que acaba convirtiendo a la ansiedad en un instinto excesivo de protección que se activa cuando no toca.

 

Desde un punto de vista racional, cuando analizamos la situación en frío, nos damos cuenta que no era tan grave o importante aquello a lo que le andábamos dando vueltas, pero los mensajes de peligro ya los hemos enviado.

 

Para poder superar la ansiedad, en terapia tratamos de aprender a identificar que señales de peligro estamos enviando a nuestro cerebro. Damos nuevas instrucciones, nuevos puntos de vista  respecto lo que es realmente peligroso y lo que no. Lo que hacemos es reeducar (cambiando pensamientos negativos distorsionados) a nuestro cerebro para que no active la ansiedad a no ser que sea realmente necesario.