1. Fases de la relación de pareja

11/05/2011
4. Pareja

Fases de la relación de pareja

 

Toda  pareja pasa por diferentes fases a las que deberá adaptarse y superar si quiere lograr el éxito de la relación. Cada una de ellas presenta dificultades específicas, pero también grandes satisfacciones.

 

Fase inicial

En esta primera fase inicial, donde la pareja comienza a construir un “nosotros”, la ilusión, la motivación y los sentimientos intensos predominan en la relación. Los dos miembros de la pareja comienzan a conocerse mutuamente y a crearse ciertas expectativas. De ese conocimiento surge la elaboración de una visión de pareja y de futuro, aún poco establecida, que se irá consolidando con el paso del tiempo si la relación continua. Esta primera fase es la que comúnmente se conoce como noviazgo. Para que la evolución de la pareja sea lo más positiva posible, no es recomendable mantenerse “eternamente” en esta fase, como sucede con los noviazgos interminables en los que la pareja se queda estancada en esta fase. Tampoco es conveniente pasar fugazmente por este conocimiento mutuo y proyección hacia el futuro. En muchas ocasiones, no se trata de una decisión que esté totalmente en manos de la pareja, ya que las condiciones económicas y de vivienda limitan las posibilidades en muchos casos, pero en la medida de lo posible deberá buscarse un punto medio.

 

 

Fase de consolidación

Esta época se define por el reconocimiento personal y social de la pareja como proyecto de futuro. Es el momento en el que la pareja, asumiendo de forma  explícita que quieren compartir un futuro común, “formalizan” la relación mediante una boda, como pareja de hecho o yéndose a vivir juntos. De esta manera se establece un compromiso en el que no solo forman parte ellos dos sino que se comparte con familia y amigos. Habitualmente se realiza algún tipo de celebración, ya sea la propia boda o una comida para celebrar la nueva etapa. En todo caso, la pareja adquiere una legitimidad y compromiso ante ella misma y ante los demás, consolidándose de esta manera la relación.  

Una vez dado este paso, la pareja deberá adaptarse a la nueva situación, a la vida en común, construyendo poco a poco su camino conjunto. Cada uno de ellos, acostumbrados a los hábitos familiares propios,  irán formando uno hábitos y costumbres como nueva familia. En este proceso, será importante darse tiempo, ser comprensivo con el otro y respetar los ritmos de cada uno hasta que se vaya logrando una sincronía. Pero esto no quiere decir que las cosas, tanto positivas como a mejorar, no se deban hablar. Más bien es todo lo contrario, para conseguir una buena adaptación y equilibrio de los miembros de la pareja es muy importante establecer, desde el primer momento, una comunicación fluida.

 

Cuando llegan los hijos

Con la llegada de los niños, o con la decisión en si de querer tenerlos, se entra en una nueva fase de la relación, repleta de ilusiones, pero también de retos importantes. Es una fase repleta de decisiones, que ya no solo implican a la pareja sino a los nuevos miembros de la familia, su educación, la reubicación de funciones y el lugar de la pareja, etc... En estos momentos, es fundamental sustentar la pareja sobre la base de la negociación y la buena comunicación. Si en las fases anteriores, la pareja ya ha integrado la negociación como forma de solucionar problemas y decidir, será todo mucho más sencillo. Si no es así, deberá incorporarse esta estrategia como la forma más adecuada para avanzar y superar obstáculos. Deberán decidir conjuntamente que estilo parental desean desempeñar y que lugar ocupan los hijos y la pareja ante el nuevo futuro que se presenta. Volcarse en los hijos dejando de lado la relación de pareja no es la mejor solución. Lo más adecuado será buscar un término medio en el que los dos miembros se sientan cómodos, y para lograrlo, como antes mencionábamos, saber comunicar lo que quieren y desean facilitará en gran medida esta labor.

Asimismo, los hijos van creciendo y las necesidades van cambiando. Los padres afrontarán situaciones complicadas, tanto personales, profesionales como familiares. Los hijos, cada vez tendrán más presencia en la familia y exigirán, sobre todo durante la adolescencia, un lugar donde ubicarse, debiendo los padres promover un equilibrio entre sus funciones como tales y su relación de pareja.  Evidentemente, este panorama no está exento de grandes satisfacciones, y las dificultades que puedan aparecer durante esta época, no tienen porque impedir que tanto la pareja como toda la familia disfruten de estos momentos.

 

Cuando los hijos se marchan

Con el paso de los años, se acerca la llegada de la marcha de los hijos. La pareja, habrá centrado gran parte de sus esfuerzos y dedicación a su labor como padres, y esta nueva etapa exigirá una revisión de la situación y reubicación de los roles y los proyectos de la pareja y de cada uno. Durante esta época la pareja volverá a tener más tiempo para ellos. Para algunas parejas que habrán centrado todos estos años en la crianza de los hijos, dejando de lado, en cierta medida, la relación de pareja. Este momento de reencuentro exigirá de nuevo una comunicación fluida en la que se conjuguen los intereses personales y se revisen y pacten los proyectos de futuro para la pareja. En el caso que uno de los miembros haya dejado de lado durante estos años proyectos personales o profesionales debido a su función como padre/madre, y el otro haya mantenido estas funciones y aún deba mantenerlas, el desequilibrio será mayor. En esos momentos puede aparecer lo que habitualmente se llama síndrome del nido vacío, que puede ser más o menos notable para alguno de los miembros de la pareja.


La jubilación y la vejez

Por último, nos encontramos ante una nueva etapa que cada vez es más larga debido a mayor longevidad de la población. En ella, se producen acontecimientos importantes como es el caso de la jubilación. Cuando llega este momento, la persona debe reorganizar su tiempo y compaginar esta nueva situación con su pareja. La pérdida del rol de trabajador/a exige de una adaptación, que en función de las características y deseos de la persona puede ser más o menos dura. En todo caso, la situación podrá reconducirse sobre la base que vamos repitiendo a lo largo de las diferentes fases: negociación y comunicación. Otras pérdidas que se producen son las relacionadas con la salud y el proceso de envejecimiento. En este sentido, en muchas ocasiones, los hijos comienzan a realizar funciones de ayuda y apoyo a los padres. De alguna forma se invierten en parte los papeles asumidos hasta entonces. En esta época, los acontecimientos vitales más importantes suelen llegar con la muerte de personas significativas o del otro miembro de la pareja. Es una de las situaciones más complicadas y las que el apoyo familiar podrá ser de gran ayuda.

 

Lograr una vida en pareja

Muchas son las exigencias de toda una vida en pareja, pero también muchas las satisfacciones y felicidad. Para llegar a buen puerto será importante construir una base sólida y saber como superar las dificultades:

 

-         En las primeras fases es importante ir construyendo un proyecto común de futuro, en el que intereses personales y de pareja puedan compaginarse.

-         La negociación y la comunicación serán vuestra mejor arma para superar dificultades y facilitar el buen rumbo de la pareja. Hace falta hacer un esfuerzo por lograrlo, pero ayudará a seguir adelante.

-         Compaginar la labor como padres con las exigencias sociales y de pareja siempre es un reto, que deberá afrontarse positivamente y haciendo la pareja un frente común, llegando a acuerdos.

-         Con la marcha de los hijos y más tarde con la jubilación, se produce un reencuentro de la pareja, que tendrá más tiempo para realizar y compaginar nuevos proyectos comunes e individuales.